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Estos tres
elementos, tópicos para muchos, son los que conforman el
simbolismo de los Sanjuanes. Según estudiosos y
expertos, las Fiestas de San Juan tienen un origen
pagano, seguramente celta. En el germen de lo que hoy
son las fiestas, los antiguos pobladores de esta zona de
Soria, celebraban la llegada del verano, es decir, el
solsticio. La figura del toro representaba al sol,
divinidad máxima de esas culturas. De esos polvos estos
lodos. Hoy, después de tantos siglos, los Sanjuanes
siguen teniendo su punto pagano, ya que todo el
simbolismo religioso que se ha ido añadiendo a lo largo
de la Historia no han echo cambiar la esencia probable
de la Fiestas, celebrar la llegada del verano con el
sacrificio del tótem, el toro. La iglesia, ha ido a lo
largo del tiempo intentando cristianizar las Fiestas.
Primero vinculándolas a la celebración del nacimiento de
Juan Bautista, luego añadiendo santos, colocando a la
virgen de la Blanca como patrona de las fiestas,
imponiendo procesiones en la posguerra, e incluso,
intentando prohibir la celebración de las mismas. La
verdad que todo fue levemente en vano ya que si de algo
carecen los Sanjuanes es de fervor religioso y sí de
mucho desenfreno. |
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El toro
es el eje principal. Sin la figura de este animal estas
fiestas no serían lo que hoy son. Hay doce toros
(veinticuatro en realidad debido a la reglamentación
taurina), pero a principios de siglo XX aún había dieciséis
(tantos como Cuadrillas). Al igual que cada
Cuadrilla tiene un santo titular que le da nombre, tiene
un toro que, compra, lleva a Soria, lo sacrifica en la
plaza de toros, lo reparte en tajadas a los vecinos y en
puja al resto de sanjuaneros. El toro está presente
durante todas las Fiestas: en la Saca, el Viernes, en
los Agés, por la mañana en tajadas y por la tarde en la
subasta, en las Calderas (aunque muchos se empeñan en
dar más protagonismo al pollo y al chorizo) e incluso en
las meriendas de las Bailas junto al Duero.
El sol.
En realidad, lo que estamos celebrando es la llegada del
verano, el fin de los largos días de invierno. En Soria
es fácil que el sol se vuelva esquivo, pero normalmente
brilla y alegra las fiestas. No hay símbolo de
Cuadrilla, bota de vino o Caldera en la que el sol no
esté representado.
El
vino. El que hace catarsis, el que hace que todo se
vuelva divertido, diferente, irreverente, osado,... Nos
acerca a Baco y hace que durante cinco días nos quitemos
los viejos trapos y volvamos a la esencia de nosotros
mismos. En bota, de la misma garrafa, en kalimotxo, no
falta, no deja camiseta ni pañuelo limpios. Anima el
Catapán o los Agés, ayudando a los subastadores a que
más de uno pierda el sentido común y gaste a tontas y
locas. A pesar de su casi desaparición, no hay cosa más
sanjuanera que alguien te ofrezca un trago de vino de su
bota. La cerveza le hace feroz competencia, pero sin
vino nada de esto sería lo mismo.
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